martes, 9 de febrero de 2010

Capítulo 1. Un largo camino.

PARTE 1

Isaphar, heredero de Jesrón en el saber de las estrellas, estaba sentado junto al fuego. Su alumno, Meteo, haía ido a buscar a su hermano para cenar. Vivían en Tyrin al este de Ibería, pero Isaphar había llegado allí muchos años atrás con su maestro desde Cesarea, pero hacía tanto tiempo que ya nadie lo recordaba.

Era una hora tranquila para todo el mundo, cuando los miños se arremolinaban en torno al fuego para escuchar las historias de los mayores, e Isaphar se había amoldado a esa costumbre con su alumno y el hermano menor de este. Meteo había dejado la puerta de la calle entre abierta y por ella entró el visitante pidiendo alojamiento para pasar la noche. Isaphar se lo quedó mirando unos instantes.

- Le pido perdón- dijo el visitnate-. Me llamo Nathaniel, y estoy viajando en una misión.

- Bien, Nathaniel, puedes pasar aquí la noche -dijo Isaphar, pero al ver entrar a Meteo y a Tareo añadió-. A cambio le contarás a estos dos muchachos una historia.

Nathaniel lo miró sonriente. Él conocía muchísismas historias. De hecho, cuantos y canciones brotaban allí donde se encontraba. Además, Nathaniel no era un simple viajero. Era un ángel enviado a avisar a los herederos de Arioco, Misac, Jamal y Jesrón de que debían viajar a Nínive y esperar allí la señal del cielo.

Ni Meteo ni Isaphar vieron nada que no fuese un viajero. Llevaba un amplio manto que lo cubría totalmente y se adivinaban bajo el mismo unas vestiduras color castaño rojizo. Su rostro era amable y sus castaños cabellos los llevaba parcialmente cubiertos con una capucha. Sin embargo, Tareo que a escondidas leía los libros sobre ángeles, estrellas, filosofía y religión que tnía Isaphar sí percibió el brillo del espíritu angélico en lo ojos de Nathaniel.

Ni Nathaniel ni Isaphar, y mucho menos Meteo se apercibieron del especial interés que ponía Tareo a las palabras del ángel. Nathaniel les había hecho una introducción a la hisotria que iba a contar. Pero la hisotria era algo más que la historia. Era el mensaje, o parte de él, para el heredero de Jesrón. Isaphar se dió cuenta de ello cuando habló de los cuatro enviados de Daniel, los cuatro sabios de las estrellas.

No sabía Isaphar que Daniel y Belsazar podían ser la misma persona, peo sí reconoció el rsto de la histoia. La había leído como su maestro antes que él en el diario que Jesón los había dejado. Aún así, no dijo nada. Guió a Nathaniel hasta la habitación de los invitados y acompañó a los niños a sus camas, pero él se quedó levantado mirando al fuego.

Allí lo vió sentado pero dormido Nathaniel cuando se dispuso a marcharse. Antes le dejó una especie de sobre cilíndrico encima de la repisa del hogar; y, al cruzar la puerta alzó rápidamente el vuelo. Nadie debía de verlo volar, y técnicamente así fue, pero Tareo lo vió salir por la puerta y cuando llegó al umbral sólo encontró en el suelo una nivea pluma que no pertenecía a ningún ave conocida. La guardó, preparó los desayunos; y, espero. Vió como Isaphar abría los ojos, y rió al ver a su hermano Meteo salir con prisa de la pequeña habitación que compartían.

- Tareo, ¿has visto a nuestro invitado?- preguntó Isaphar.

- Cuando me levanté lo vía salir por la puerta, pero cuando me acerqué para decirle si deseaba desayunar se había esfumado.

- Y, ¿no miraste por le camino?. dijo Meteo.

- En el camino no había nadie, y tampoco huellas qe se alejasen más allá del umbral.

Fue entonces cuando Isaphar vió la carta, si se podía llamar así al cilindro de cuero que había sobre la chimenea. En su tapadera había escrita una letra hebrea que Isaphar reconoció al instante.

Entonces se acordó de su familia en Cesarea, sus padres, sus hermanos. Se reunió con Meteo y Tareo. El primero, su alumno, se hallaba sentado a la mesa tomando rápidamente s desayuno.Isaphar observó el cilindro que contenía la carta. Era como los que acostumbraban contener escritos en rollos, solemne, sólido y de fácil manejo.

- ¿Qué os parecería hacer un viaje chicos?

Meteo tenía la boca llena, y no le dió tiempo a responder.

- Y, ¿cómo sería de largo el viaje?- preguntó Tareo.

- Yo creo que sería bastante largo - fue lo que dijo Meteo viendo la mirada de Isaphar.

- Así es, viajariaís a mi tierra en el este, a Cesarea, aunque después deberemos ir a donde nos indiquen en esta carta. ¿Qué os parece?

- ¡Perfecto! - dijeron los dos hermanos que no tenían allí nada que los atará- ¿Cuándo partiremos?

Isaphar decidió que partirían lo más pronto posible por lo que aquella mañana se dedicaron a preparar sus equipajes. Al llegar el mediodía las nubes blancas y grises comezarón a cubrir el cielo en pequeños grupos. Comieron un poco de jamón y pan, fueron en busca de su equipaje en el que se encontraban todos sus bienes. Salieron de la casa. Se despidieron de ella, de la población de Tyrin con sus cabañas y casas dispersas cerca de la costa; y, seguidamente, se pusieron en camino hacia le norte. En dirección al norte fueron por caminos y senderos que no eran usados, lejos de posibles malos encuentros.

Caminaron diez días por los camino hacía el norte, por la costa, yendo poco a poco hacía el delta, y pasando la noche allí donde encontraban cobijo. No se buscaron problemas ni siguieron caminos concurridos, con lo que nada pareció suceder. Pasaron ocho días e Isaphar comenzó a cambiar de golpe la dirección, alguna vez realizando grandes curvas, siempre en completo silencio, como si siguiesen por un camino invisible en un laberinto sin paredes.

- ¿Por qué damos tantos rodeos?- preguntó Tareo.

- Nos estaban siguiendo- respondió Isaphar.

Desde ese momento, guardaron un mayor silencio, como si fuesen cazadores siguiendo a la presa. Meteo frunció el ceño. No le gustaba la idea de que los siguieran. Decidió hacer algo por su cuenta, por si usaban animales para rastrearlos, y se iba acercando cada cierto tiempo a donde estaban las plantas más aromáticas. Cogía las ramas, y las usaba para borrar sus huellas y olor. Isaphar se dió cuenta y sonrió, realmente era un chico inteligente.

Cercanos ya al delta, cuando se disponían a descansar antes de ir a coger uno de los barcos que los fenicios, griegos o romanos atracaban allí, descubrieron al grupo de bandidos que los perseguía.

Isaphar penetró con los dos niños en la fronda que descendía hacía el delta. Quisó así el azar que se encontrasen con un caravana. Una caravana de romanos que habían estado viajando por aquellas tierras. Gracias a ello, aquellos que los seguían retrocedieron. Con la comitiva romana prosiguieron la marcha hasta el delta. Allí esperaba un navió romano que los llevaría hasta Aiaxia en Corcega.

Meteo y Tareo solían pasar mucho tiempo en la cala el barco observando las mercancias y ayudando en lo que podían. Entretanto, Isaphar daba algunas clases de retórica a un noble centurión romano que actuaba de capitán del barco.

Sin embargo, aun por las noches en la cubierta del barco Isaphar enseñaba astronomía a Meteo sin percatarse de que a escondidas el pequeño Tareo siempre estaba siguiendo esas lecciones con gran interés.

Fue un viaje tranquilo que duró nueve días de navegación, cosa que sobre todo Isaphar agradeció a Dios en secreto pues eso hizó que los chicos disfrutaran del viaje hasta Corcega.

Aiaxia era una bonita población pesquera y comrcial. Por lo que a Isaphar no le fue difícil encontrar u alojamiento apropiado para los tres. Luego, envió a Meteo a comprar algo de pan.

Pero Tareo descubrió a isapahar examinando con mucho detenmiento la calle por la que al día sigiente dejarían la población, manteniéndose ya en la ventana o en la puerta en la parte de penumbra evitando así que lo viesen desde el exterior.

- ¿Qué ocurre? - preguntó Tareo.

- Nada- fue la rspuesta-. Es que parece que Meteo está tardando en volver...

Minutos después Meteo entraba en el alojamiento con pan para dos días.

- Meteo, ¿no te habrás fijado en sí alguien te ha estado siguiendo o vigilando?

Tras varias horas de rápido camino hacia Bastia Isaphar buscó un sitio tranquilo, preparó un minúsculo fuego para quitar el frío y se acostaron a descansar.

- Pues no, maestro Isaphar. No me he fijado, pero creo que no he sido de interés para nadie. De todas formas, ¿por qué iba alguien a seguirme o vigilarme?

- Nada, nadie tndría que seguirte o vigilarte. Sin embargo, he visto a un hombre muy interesado en nosotros. Seguro que intentará algo. ¡Comed! En cuanto llegue el anochecer saldremos por una ventana lateral y nos dirigiremos a Bastia.

Cuando llego el tiempo del descanso y en las ventanas una mortecina luz brillaba a la par que de las chimeneas comenzaba a brotar humo, Isaphar preparó una pequeña treta simulando con bultos sus cuerpos tendidos en las camas próximas a la chimenea en la que echaron suficiente leña para que tardase varias horas en convertirse en ascuas. Luego huyeron por la parte de atrás tdespués de cerciorarse Meteo que el hombre que había visto su maestro vigilaba la puerta principal.

Horas después de las sombras del otro lado del camino se adelantó hacia la casa aquel hombre. Era un hombre alto y de ojos brillantes. Miró por la ventana y observó las camas, después dió la vuelta a la casa y abrió con cuidado la puerta trasera. La puerta suavemente se cerró tras él. Estaba en la habitación que había junto a la cocina, una habitación pequeña, de techo bajo e inclinado con las paredes de piedra cubiertas de madera. Lentamente arió la siguiente puerta y penetró en la habitación en la que debían los viajeros reposar. Allí, en la chimenea brillaban las ascuas del fuego otorgando a la habitación un color rojizo.

No estaban las cosas de los viajeros acostados, y un silencio sólo quebrado por su respiración se cernía sobre él. Entonces se dió cuenta de que había sido engañado y su rostro de rojo teniño se encendió de cólera.

Tras varias horas de rápido camino hacia Bastia Isaphar buscó un sitio tranquilo, preparó un minúsculo fuego para quitar el frío y se acostaron a descansar.

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Así fue que a la mañana siguiente, tras levantarse muy pronto y hacer rápidamente el trayecto que les faltaba, Isaphar caminó con ellos por el pronunciado descenso que era la cuesta que los llevaría al puerto de Bastia. Bajaron a los muelles para buscar un barco al puerto romano de Ostia con el fin de ir hasta la propia Roma, pero allí los guardías buscaban a tres íeros huidos que habían sido denunciados por aquel hombre de Aiaxia con la esperanza de que detuviesen a Isaphar y los dos chiquillos que lo acompañaban y comprarlos como esclavos quedándose con los bienes que llevasen encima.

Y, tal como aquel hombre esperaba fueron detenidos por los guardías. Por una vez Isaphar no sabía que hacer.

- Ciertamente como unas sombras nos moveíamos si fuesemos aquellos a lso que buscas -dijo Tareo en un perfecto latín-; ciertamente en vano te afanaras si crees que somos nosotros, observadnos bien a lso tres y obrad con sabiduría, no como necios que se dejan llevar; es cierto que vestimos trapos viejos y ropas pobres, pero es normla siendo viajeros y no queriendo ser molestados por ladrones. Sobre todo si no tnemos soldados que nos protejan si vestimos ricos ropajes.

- Relamente sabes hablar bien. Eso significa que no soys los esclavos que busco, ¿cuál es vuestro destino?- dijo el centurión.

- Nosotros- contesto Isaphar- nosdirigíamos A Roma. Tengo algunos negocios en esa ciudad. Si deseas enviarle noticias a alguien allí.

- Gracias, pero no hace falta yo partiré mañana en eun barco. Venid conmigo y tendreís un viaje más seguro.

Viendo lo que había sucedido y con el fin de evitarse problemas Isaphar aceptó la oferta del centurion romano.

Mientras los hermanos descansaban Isaphar los observó. Se preguntó que había llevado a Tareo a hablar de aquella forma. La verdad era que cuando más difícil había sido enseñarle algo a Meteo ,entonces aparecía el pequeño Tareo y alumbraba de tal forma con sus palabras o forma de actuar sus sombras que luego él era capaz de mostrarle las cosas a Meteo con mayor serenidad y eficacia.

Isaphar alguna vez pensó que Tareo leía los libros dirigidos a su hermano, pero en aquellos que pertenecían a Tareo no se hablaba más que de aves, de plantas, de animales y de piedras. Eso le extrañaba pero no le vió vínculos con lo que él le enseñaba a Meteo.

Fue a la mañana siguiente cuado se acercaron al puerto de Bastia. Allí estaba el centurión esperando que les dió la bienvenida. Isaphar le preguntó por el navió y el centurión dijo el nombre de una nave mientras señalaba hacia la salida del puerto.

Cuando Isaphar oyó el nombre su rostro se endureció. Sin embargo, continuó junto al centurión.

El nombre del navio era "davos" y era una galera de prisioneros. Sólo Tareo vió en la cala del barco, solidamente encadenados, a los prisioneros. Ni Isaphar ni Meteo habían bajado, sólo Tareo.

Sin embargo, dicha excursión no pasó desapercibida a un soldado que en secreto avisó al centurión.

- Gracias por decirmelo, amigo..- dijo mientras veía a Tareo mirando al mar.

Esperaba el centurión que sólo hubiese sido curiosidad, como así había sido pues aquellos prisioneros estaban destinados al circo de Roma. Lo que no descubrió fue que Tareo mientras miraba al mar rezaba mentalmente por las almas e esos prisioneros tal y como Isaphar le había explicado a Meteo.

El viaje no fue molesto hasta llegar a Roma, la ciudad de las Colinas, cuyas legiones dominaban casí todo el mundo que se conocía. Allí en el puerto de Ostia había barcos de pesca, comerciales, de guerra. Isaphar bajó rápidamente con los dos chicos y fue a ver al jefe del puerto.

- Necesitamos encontrar un barco que salga mañana antes del mediodía, por favor. Que se dirija al mar Jónico.

- ¡No me digas eso! Siempre estas prisas que me quitan horas de sueño. No quiero andar por ahí de noche.

- ¿Por qué? - preguntó Isaphar.

- Es que ya son varias personas que ha aparecido muertas en las calles durante la noche. Dicen que fue un horrible lobo.

- ¿Un lobo?- dijo Tareo, que algo sabía de esos animales pues él había criado a dos cachorros de lobo.

- Si, muchacho. Tened mucho cuidado. Es sólo un rumor pero viendo los cuerpos parece algo muy real. Os aviso en unas horas. Esperadme junto al Coliseo en Roma.

Isaphar se dedicó a enseñar Ostia y Roma a los chicos. Ambos se sintieron pequeños ante el tamaño del ercado y el gran número de artístas, y filosofos que por allí caminaban.

La verdad era que el sonido ambiental de Roma era un sordo bullicio que sólo se acallaba cuando aparecían los soldados romanos custodiando a los esclavos que dirigían al circo o pasaban los gladiadores liberados, reyes de la arena del circo romano.

Todo otrogaba a Roma un aura de poder y explendor, que envlvía al viajero de un aire de romántico misterio.

El ambiente era algo realmetne mágico.

No paso mucho tiempo hasta que apareció el jefe del puerto en las cercanías del Coliseo tal y como les había prometido.

- ¡Pronto! ¡Venid aquí! No hay ningún barco para mañana, pero si hay uno que parte esta noche en la dirección que deseaís. Si os interesa os acompañaría a embarcaros ahora, sino tendre´si que esperar varios días.

- ¿Cuánto tardaremos en volver a Ostia?- pregunto Isaphar.

- Llegaremos a tiempo de embarcar si salimos ahora mismo.

Varias horas después, el pequeño grupo llegaba a la costa de Ostia. Allí llegan a un promontorio y el jefe del puerto les señala un barco. Era un barco egipcio, guardado por guerreros nubios cuyo capitán era Imhaki. Isaphar no pidió camarote sin oun espacio en la cubierta pues no terminaba de fiarse de que el viaje fuese placentero.

No se equivocaba Isaphar. Llevaban diez dáis de navegación hacia Patras cuando un gran navio de guerra se aproximó. De hecho, intentó hundirlos con su espolón, pero gracias a una imaginativa maniobra consiguieron eludirlo y huir si entablar combate. Cinco días después al anochecer el vigia dió el aviso.

- ¡Resplandor a popa!

-¡ No cabe duda! En pocas horas estaremos en Patras.

- ¿Y esa luz?- preguntó Meteo.

- Un fuego de aviso para los navegantes- respondió Isapahr-. A los mejor preparados los llaman faros.

Horas después el barco bordeaba la costa griega aproximándose a Patras. Al amanecer fondearon cerca de la costa. Entonces Isaphar aprovechó para desemarcar subrepticiamente. Sin embargo, estaba demasiado cera de los acantilados y lso tres tuvieron que emplearse a fondo para salir de la zona peligrosa que eran los rompientes de las olas.

Al final, después de bastantes esfeurzos llegaron al puerto ants que el resto de la gente del barco egipcio. El puerto de Patras era un puerto comercial. Allí se mováin pieles curtidas, telas y, sobre todo, pasas y vinos de Corinto. Los únicos que les prstaron atención fueron los pescadores y a ellos fue a quienes Isaphar encargo que devolvieran la barca a sus propietarios reales. Seguidamente Isaphar, Meteo y Tareo entraron en una posada para comer algo y descansar. En un primer momento, Isaphar pensó en seguir camino, pero vió los cansados rostros de lso chicos y decidió que descansarían dos o tres días.


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PARTE 2

Sin embargo, al terminar el tercer día prepararon las cosas. Irían a Atenas, ciudad de filosofos. Salieron de Patras y entraron al camino de tierra que iba bordeando la costa hacia Corinto y, depués, a Atenas. En el camino no crecía ni una hierba, y a los lados árboles daban sombra al recorrido. A lo lejos, hacia el interior, se escuchaba el golpeteo de los trabajadores en los campos.

El segundo día de viaje llegando ya a Atenas mientras se encontraban en el cruce la vieron aparecer, blanca, brillante como la nieve vestía aquella doncella. No pudieron discernir cuanto tiempo pasó hasta que ella llego a su altura, y cuando lo hizo ya era el anochecer.

- Debeís de disculpar mi aparición de ese modo - dijo ella, y añadió-. Siempre pasa la mismo con los viajeros. Me toman por un ser divino o algo parecido. Mi nombr ees Selene.

- Yo soy Isaphar, y este mi alumno Meteo y con él su hermano Tareo.

Tareo pensó que el nombre de la doncella era el apropiado pues los hermosos bucles de su cabello oscuro emitían brillos y resplandores semejantes al respalndor de la propia luna.

Ella los llevo a Atenas y como compensación les invitó a pasar la noche en su propio hogar. Si nembargo, Isaphar cerró su mente a cualquier pensamiento que no fuese cruzar a Efeso desde donde seguiría su camino hasta Adana. Allí tras una frugal cena, Selene le pregunto a Isaphar.

- ¿Qué es lo mejor para los mortales?

Pero quién respondió fue Meteo.

- Se dice en mi tierra que lo mejor es no llegar a nacer; sin embargo, sí ya has nacido, obrar bien con tus semejantes para el momento en que hayas de partir a los Reinos Eternos.

- Y, ¿qué es lo más hermoso para los hombres?

- Cuando el amor verdadero pervive en todo el pueblo y los que oyen sus alabanzas las comprenden, entonces todos saben amar. Eso me parece lo más bello que puede albergar el corazón de los hombres - respondió Isaphar.

Selene los miró y añadió:

- Veo que sabeís hablar, pero ¿cuál es la mejor piedra que existe?

Isaphar y Meteo guardaron silencio. Sin embargo, no así Tareo que respondió.

- Para un edificio lo más duradero el granito, para obras de arte el mármol, pero para joyería pesé a quién le pesé la mejor piedra es al amatista. sin embargo, para la magia se dice que las mejores son la "piedra de luna" y los cuarzos.

Isaphar palideció al escuchar esa respuesta. Sabía que Tareo sabía sobre pideras, pero no sabía que su conocimiento llegará a ese extremo.

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